Ruta por Turquía

Fechas: 14-21/03/2010

Coste total aproximado: 350 € por persona (Transporte, alojamiento completo, media pensión en Capadoccia y sólo desayuno en Estambul). Impuestos incluidos.
Contratado por Internet en la página web de Muchoviaje.com.

Transporte:
- Ida:           Pegasus Airlines (Iberia) Madrid – Nevsehir
PGT 586
Salida a las 08:30 h. (14-03-2010).
Llegada a las 13:50 h. (14-03-2010).
Facturo una maleta.
- Vuelta:       Pegasus Airlines Gokcen (Estambul) – Madrid
PGT 583
Salida a las 04:25 h. (21-03-2010).
Facturo una maleta.
Alojamiento:
Cappadocia Inn Hotel ****
Goreme Kavsagi Ortahisar
50650 - Urgup, Kapadokya, Turquía
Bulvar Palas Hotel****
Aratürk Bulvari 152t
31104 - Istambul, Turquía

Moneda: Lira turca (1 lira turca = 2,1947 €).

Diferencia horaria: GMT +2 horas.

Guía: Kaan

DÍA 1 (14-03-2010): Uçhisar
Llegamos a la hora prevista al aeropuerto asiático de Nevsehir, sellamos el pasaporte por 15 € y recogemos la maleta. El aeropuerto es una extensión de cemento en medio del desierto y un edificio de dos plantas y una profundidad de unos 20 metros. No tiene pérdida. La hospitalidad de los policías turcos brilla por su ausencia. No dan cambio, son bruscos, no hablan otra cosa que no sea turco... Las maletas no se recogen en una cinta porque sólo hay una muy, muy pequeña y se saturaría, así que los encargados mientras tú bajas del avión y sellas el pasaporte te las colocan de pie en un lateral, en el suelo.
Atravesamos el edificio y nos encontramos con el comienzo de una carretera, donde ya hay farolas, autobuses, árboles... en fin, humanidad. Los guías están hablando a gritos en turco entre ellos con unas listas en las manos. Armándonos de paciencia, esperamos a que nos asignen guía y autobús.
Nos encaminamos a Uçhisar. Ofrece una sorprendente vista de casas trogloditas formadas por la erosión del agua y la lluvia sobre la toba blanca. Nuestro guía nos dice que cada año se erosionan 2,5 cm de roca. Allí comemos una tosta típica de queso de cabra con chorizo y una lata de Coca-Cola por 2,50 €. Ofrecían bocadillos bastante pequeños y de pan normal justo donde paran los autobuses y a 5 €. Por ello, es más recomendable dar una vuelta por el pueblo y preguntar dónde te hacen algo. Además, el pan turco es genial y allí lo calentaban para que se derritiera el queso. Me compro una flauta bereber por 6 € en un tenderete frente al mirador de las hadas.
Salimos de Uçhisar rumbo a otro mirador para ver las chimeneas de hadas. Allí también tienen montado negocio pero a precios muy baratos, así que compro monederos (0,50 € cada uno) y un cuaderno de cuero con estampado turco para mamá (4 €). Todo precios regateables.
Por último, nos encaminamos hacia el Cappadocia Inn Hotel, donde nos reciben con una copa de champán, nos asignan las habitaciones y nos dejan tiempo para una ducha. El hotel es muy completo y cómodo, y el restaurante enorme, planteado sobre todo para grupos de excursiones. Los desayunos y cenas son tipo bufet.
Lo que más me gusta para cenar es: berenjena frita con salsa de yogurt por encima, ensaladas con salsa diferentes, pasta con verduras (un poco picante), panes recién hechos (los pides y te los terminan de cocer delante de ti), y postres variados, sobre todo pasteles embebidos en alcoholes o almíbar y muchos tipos de frutas (orejones, higos, zumos de naranja o de granada...).
Después de la cena el guía del hotel nos invita a una copa de Rakı (anís). Luego, a dormir y recuperar fuerzas.

DÍA 2 (15-03-2010): valle de Göreme y de Güvercinlik, poblado de Çavusin y Museo al aire libre de iglesias rupestres
Desayuno con toda clase de bollos, yogures y pasteles. Allí aprovechamos para proveernos de panes tipo bollo con sésamo por encima y recién hechos, en los que introducimos varios tipos de quesos (de cabra y de oveja), embutidos y lechugas; de este modo, nos ahorramos la comida. Ya que robamos, también llevamos para el postre unos cuantos orejones. Así sólo tenemos que comprar la bebida (botellas de agua de 1,5 l a 1 o 2 €).
Al principio hacer esto nos daba un poco de vergüenza, pero como nos ahorraba los 15 € de cada almuerzo, al final casi todo el grupo nos copió la idea... somos españoles, lo llevamos en la sangre...
Vamos al valle de Göreme. Es increíble ver el paisaje: un horizonte de toba blanca y roja en el que tú estás en lo más alto y ves todos los picos de chimeneas de hadas; y entremedias almendros en flor. Espectacular.
Seguimos para hacer una visita panorámica de los espectaculares parajes volcánicos con formaciones geológicas muy peculiares en el valle de Güvercinlik (en Göreme). Allí sacamos fotos impresionantes, panorámicas, con los almendros, con un camello sirio, con la bandera turca... Si lo deseas, abajo, donde aparcan los buses, hay un puesto para tomar bebidas frías y calientes, pero merece más la pena subir a lo más alto y disfrutar de las vistas hasta que las chimeneas se pierden en el horizonte.
Vamos ahora al poblado otomano de Çavusin. Está bien porque te deja merodear por todos los sitios sin ninguna restricción, así que consigues dejar de ver turistas por un momento. Eso sí, a costa de trepar por las casas derruidas hasta alcanzar el punto más alto y lejano. Si tienes la suerte de que comience uno de los rezos del día cuando lo estás visitando, es un buen momento para reflexionar la cultura tan diferente en la que te estás introduciendo: los altavoces de la mezquita más cercana cubren todo el poblado. Como estamos sedientas, compramos un vaso grande de zumo de granada recién hecho (1,50 €) antes de subir al autobús.
Como en todo viaje organizado, nos llevan al Museo y fábrica de alfombras en Avanos (Nevsehir). Durante la exposición de las mismas, nos ofrecen un té de manzana buenísimo. Yo compro un kilim pequeño pero original. De nuevo precios regateables, sobre todo si se pretende pagar con euros en efectivo (mi kilim me sale por 60€, tejido a mano y con certificado de autenticidad). La gente es encantadora y Bahri, mi vendedor, nos ofrece otro té más. Además, coincide que nos encontramos con un estudiante de Bellas Artes que estuvo de Erasmus en España y habla perfectamente castellano.
Ya es mediodía, así que exhaustas, nos comemos los bocadillos que nos hicimos por la mañana, y la fruta. El lugar donde aparca el autobús está junto con un restaurante occidentalizado, y en el pueblo logramos dar con un supermercado para comprar agua y guarrerías para picotear (chocolate, barritas de sésamo...).
Toca ir al Museo al aire libre de iglesias rupestres perforadas en monolitos volcánicos y decoradas con frescos en Göreme: Santa Bárbara, San Onofre, Iglesia de las Sandalias... Interesante porque fueron realizadas por los primeros cristianos durante las persecuciones. Requieren cubrirse el pelo para entrar. El punto donde paran los autobuses hace que pasar frente a unos puestos de souvenirs sea obligado. Compro unos marcapáginas por 1 € cada uno.
Antes de regresar al hotel, paramos en un taller de productos elaborados con piel, con un desfile incluido.

Día 3 (16-03-2010): ciudad subterránea de Derinkuyu, valle de Ihlara y mirador de Belisırma
Visita a la ciudad subterránea de Derinkuyu, en un pueblo chiita más que peculiar. Se trata de una serie de túneles y laberintos de hasta 45 metros de profundidad. Originariamente fueron habitadas por hititas y posteriormente ocupadas por los cristianos perseguidos o por comerciantes de la Ruta de la seda. Nos quedamos allí hasta las 10:40 h. aproximadamente, y compramos algunas postales a la salida. Cabe destacar que personas claustrofóbicas es muy probable que lo pasen mal. Lo mismo les ocurre a aquellos que tengan problemas cardiacos o respiratorios severos.
De aquí salimos hacie el valle de Ihlara (antiguo valle de Peristrema), tras una ruta de autobús con vistas a pueblos impresionantes. De nuevo nos informan de que aquellas personas con problemas de salud no deberían bajar hasta el río porque implica bajar y subir cientos de escalones. Hace mucho frío pero despejado, aunque el ejercicio permite ir incluso con manga corta. Al llegar al río, hay indicaciones para visitar nuevamente iglesias rupestres perforadas en las rocas del valle. Su acceso es difícil y en algunos casos, peligroso. Era el lugar donde los monjes bizantinos meditaban.    Antes de volver al autobús, compramos unas barritas de sésamo y unas Ruffles (allí las hay con sabores típicos estilo kebab) por 2 € todo.
Vamos a un mirador de Belisırma para observar todo el río Melendiz y la cordillera nevada. Allí también hay restos de iglesias, esta vez no esculpidas en la roca sino edificadas. Llama la atención las diferencias climáticas entre puntos más o menos cercanos. La vista es grandiosa.
Comemos nuevamente nuestro bocata robado de por la mañana. El queso de cabra se ha derretido en el autobús y está todavía mejor.
Como los de las agencias tienen convenios, nos llevan a una exposición de joyas en un lugar dejado de la mano de Dios. Tratan de vender sobre todo, ojos turcos de la suerte, brazaletes de oro... Allí yo aprovecho para comprar un adaptador para cigarrillos hecho con espuma de mar (2€). Aunque sea una joyería de alta gama, no se pierde el regateo.
Al cabo de media hora nos recogen de nuevo y según regresamos hacia el hotel, hacemos una parada en una especie de fortaleza con capilla incluida que se encuentra en pleno desierto. No logro ubicarla...
Traslado al hotel y cena. Hoy nos recogen antes porque ofrecen una cena con espectáculo (danzas) a 50 € por cabeza, y los clientes que lo han contratado tienen que salir del hotel de nuevo a una hora temprana.

DÍA 4 (17-03-2010): Ankara y Estambul
Después de un desayuno contundente, terminamos de hacer las maletas y abandonamos la habitación. Hoy dejamos Capadocia rumbo a Estambul.
A las 11:30 h. llegamos a Ankara. No obstante, es recomendable no dormir durante el camino para observar los brutales cambios geográficos del país: pasamos del desierto de toba a la montaña baja y antigua, pasamos por uno de los lagos salados más grandes del mundo, y, casualmente, según pasamos por una ciudad, vemos cómo los chavales se dirigen (a las 9:00 h.) al colegio con sus uniformes caminando por la carretera. Es curioso.
Entramos a Ankara, capital del país, por la zona financiera de la ciudad, así que de repente aparecen rascacielos acristalados, coches de marca, concesionarios... Pero ese aspecto dura poco. La ciudad se presenta gris, con complejos cruces de carreteras a distintas alturas y la zona central e histórica mezcla edificios nuevos de cemento con otros medio derruidos y de armazones de madera. La gente muestra la misma diversidad: más mujeres que en Capadocia, pero unas completamente cubiertas y dejando ver sólo los ojos, otras sólo con el pelo tapado, y otras recién salidas de un Zara cuanto menos.
Nos dejan en la zona más alta para entrar al Museo de las civilizaciones. Absolutamente recomendable. Muy bien organizado (Paleolítico, Neolítico, Edad de bronce, Edad de cobre, época de los frisios, una reproducción de la tumba del Rey Midas...) y con piezas que no esperas.
Volvemos al autobús relativamente pronto ahora sí, rumbo a Estambul. La razón por la que conviene llegar pronto a la ciudad es para evitar los atascos que se forman en el acceso al Estambul europeo por el puente del Bósforo.
El camino de nuevo nos lleva por muy diversos paisajes y, en consecuencia, por climas también dispares, desde calor de 28ºC hasta frío de estar nevando. Es precisamente en la región de Bolu, en la estación de esquí de Kartalkaya, donde hacemos la parada para comer. Las vistas son preciosas, ya que permiten observar las montañas altas y jóvenes de la región. Tomamos nuestro bocadillo robado del desayuno. Sin embargo, como fuera nieva, nos refugiamos en el restaurante, así que llegamos a un medio acuerdo con los camareros de que les compramos la bebida y unos tés y nos dejan comer lo que ya llevábamos. 
El viaje ha sido agotador pero antes de las 21:00h hemos llegado a Estambul. Ya ha anochecido completamente y es un poco tarde, así que sufrimos el atasco monumental para cruzar el Bósforo. Es curioso pero existe todo un mercado entre medias de los coches, ya que muchos comerciantes aprovechan para vender souvenirs, comida, etc.
Salimos a cenar a la calle Ordu, que al ser una de las principales, ofrece gran cantidad de restaurantes a los autóctonos (no es demasiado turística). Como eso es precisamente lo que buscamos, cenamos en el sitio que mejor pinta nos tiene un menú de kebab turco (no son como los que nos venden aquí; allí son picantes y poco voluminosos; lo mejor es observar cómo los come algún turco e imitarlos), arroz blanco cocido y de beber, kéfir. Como el kebab es picante, se debe comer junto con el arroz y el kéfir. De esta forma ni produce ardor de estómago ni te quema la lengua, y te sacia aunque sean pocas cantidades. Esa noche cometimos el error de pedir además un refresco: no lo hagas, el kéfir o el yogurt no es el postre, así que el refresco sobra. En fin, todo ello nos costó unos 3,50 € más o menos.

DÍA 5 (18-03-2010): Estambul
Madrugamos para desayunar en el hotel y encaminarnos pronto por la ciudad. Esta vez el desayuno no es tan espléndido como el de Capadocia, y no ha lugar robar nada para comer... aunque algún envase de Nocilla (marca turca) sí que cogemos.
Cogemos el tranvía (1,50 liras turcas = 0,75 €) hasta las mezquitas de Santa Sofía y Azul. El modo de acceder al tranvía es comprar una ficha (como una moneda grande) llamada jetón que insertas en el pasamanos. Comunicarse con el vendedor es sumamente fácil: de nuevo el trato que recibimos por los turcos en Estambul es excepcional. El tranvía es moderno y cómodo, e indican perfectamente las estaciones, así que es una buena opción para moverse mientras ves las calles. Además, sensación de peligro 0, o como en cualquier ciudad en la que llevas escrito en la frente que eres turista.
Estambul es una ciudad completamente abierta y occidental. Se ven muestras de cariño entre las parejas, muchas mujeres en la calle... Nada que ver con Ankara ni, por supuesto, Capadocia.
Llegamos a Santa Sofía (4 minaretes) y por 20 liras la visitamos de manera libre y con posibilidad de hacer todas las fotografías que desees. Es muy bonita, pero no la que más, así que es recomendable visitarla la primera para evitar futuras decepciones. No requiere cubrirse la cabeza (en realidad no se usa como Mezquita, sino que está orientada al turismo casi exclusivamente, así que no vemos ningún turco por allí).
Cruzamos sin parar de hacer fotos hasta la Mezquita Azul (6 minaretes). Ya desde fuera es preciosa. El acceso es gratuito pero en esta ocasión requiere descalzarse y cubrirse no sólo el pelo sino también las piernas si llevas leggins o pantalones demasiado ceñidos. Además, te dividen para entrar en hombres y mujeres, aunque en el interior estemos todos juntos. El sistema a la hora de descalzarse es el siguiente: ellos proporcionan bolsas a la entrada donde metes tus zapatos, y la bolsa la llevas contigo. En casi todas las mezquitas grandes hay también pañuelos disponibles para las mujeres, que devuelves al salir.
El interior de la Mezquita Azul es espectacular, grandioso. Por eso, parece que hace desmerecer a la Mezquita de Santa Sofía.
A continuación entramos al complejo del Palacio de Tokapi, para cerrar la visita al Cuerno de Oro. La entrada simple cuesta 10 liras turcas, y no incluye el harén ni los baños. Como sí que nos permite ver el Tesoro (que contiene el puñal más caro del mundo, el diamante Topkapi, de 84 quilates y tercero más grande del mundo, el trono de Ahmed I y la nave de jade, entre otras cosas), y acceder a todos los patios, que ofrecen buenas vistas del Bósforo y de las murallas, decidimos ceñirnos a la entrada simple.
Salimos de Topkapi y nos dirigimos a la oficina de información que hay junto a las Mezquitas Azul y Santa Sofía, donde nos indican cómo llegar a las Cisternas de Yerebatán (están al lado, pero no teníamos plano hasta ahora).
Por 10 liras turcas accedemos a estas cisternas, que si bien no son las únicas, sí son las más grandes de Estambul. Se construyeron por si se destruía en algún asedio a la ciudad el Acueducto de Valente. Merecen mucho la pena, pero vistas unas, vistas todas, creo yo.
De nuevo siguiendo a un grupo de hombres turcos (todos agarrados del brazo en señal de amistad), entramos a un kebab para comer. En media hora lo hemos liquidado, pero estamos muy cansadas.
Vemos la fuente alemana y el Obelisco, y decidimos descansar un poco en una tetería con vistas a las Mezquitas.
Decidimos continuar caminando por los barrios hasta llegar al gran Bazaar. Hay que tener en cuenta que cierra mucho después que el resto de comercios y monumentos, así que es una opción para aprovechar los últimos minutos del día. Como es el primer día que vamos, lo hacemos con precaución y sin sacar las cámaras de fotos ni siquiera. Lo gracioso es que son ellos los que deben tener más cuidado del turista que nosotros de ellos.
El Gran Bazaar es probablemente lo menos turco de Turquía. Hablan todos los idiomas, te gritan para atraer tu atención, te piropean a lo bestia, te dicen que si eres de aquí o de allá (según ellos, nosotras tenemos pinta de ser de Las Vegas), te gritan equipos de fútbol... pero unas risas sí que te echas. Los productos están bien y es lo ideal para comprar imitaciones y souvenirs. Eso sí, hay calidades y calidades. Merece la pena dar una vuelta primera para comparar precios y productos. Por supuesto, adoran el regateo y puedes empezar por un 25% de lo que te piden, que muchas veces, lo aceptarán.
Compro una pipa de espuma de mar con el busto del sultán Mehmed para mi padre por 20 liras turcas, funda de piel incluida. Las hay mucho más baratas, pero no todas son de espuma de mar ni están talladas a mano como la mía.
Cuando cierran nos vamos caminando hasta la Universidad y nos metemos a la Mezquita Bayezit (Bayezit Camii), más con intención de descansar que de verla. Nos sorprende gratamente: desde el trato con el turco que está en la puerta, que es quien nos indica el punto máximo al que las mujeres pueden entrar (ésta es una Mezquita de oración, no turística, de modo que los hombres avanzan y las mujeres deben permanecer detrás de una barandilla), hasta la grandiosidad de la decoración de una mezquita de barrio. Es muy recomendable salirse de la guía del turista y descubrir estos rincones.
Llegamos caminando hasta el mismo kebab donde cenamos ayer, así que repetimos sitio porque ya estamos muy cansadas.
De vuelta a casa, compramos un poco de agua y refresco (la Cola turca está mejor que la Coca-Cola), palitos de sésamo, patatas y una pieza de fruta.

DÍA 6 (19-03-2010): Estambul
De nuevo toca madrugar para estar a las nueve cogiendo el tranvía. El que elegimos esta vez tiene un recorrido mayor, ya que llega hasta las Mezquitas de Santa Sofía y Azul, gira hacia Topkapi, cruza el puente Galata y nos lleva hasta la Mezquita Dolmabahçe. Las vistas desde el tranvía merecen la pena.
Vemos por fuera tanto la Mezquita como el reloj, y aprovechamos para hacer alguna foto con el puente del Bósforo de fondo, uniendo Asia y Europa.
Sacamos los tickets para visitar el Palacio Dolmabahçe. A nosotras nos cuestan 1 lira turca porque enseñamos el Carné Joven y le hacemos creer que es el de Estudiante Europeo. El precio no reducido de la entrada es habitualmente de 10 liras turcas. Paseamos por los Jardines, muy cuidados y agradables, y esperamos a que se forme grupo para el guía en inglés (sólo lo ofrecen en inglés y turco, y no se puede visitar por libre). Gran parte del grupo es español y no entienden inglés y pese a ello la visita es más que recomendable. Está prohibido terminantemente realizar fotografías, pero las salas son espectaculares. Personalmente, es el Palacio más rico, acogedor y habitable que he visitado. El recorrido dura algo más de una hora.
Aunque te ofrecen multitud de excursiones opcionales en el hotel, nosotras hemos decidido hacer todo por libre. No obstante, pensábamos que nos resultaría imposible, por ejemplo, ahorrarnos los 10 € que cuesta un trayecto por el Cuerno de Oro en barco. Pues bien, sólo hay que hacerse con un plano de los trayectos de los ferry’s públicos. Cada viaje cuesta 1,50 liras turcas (0,75 €) y establece conexiones entre todos los puntos de costa de Estambul. Por ello, al salir del Palacio Dolmabahçe, vamos a los puntos de partida (un poco más al norte). Como el uso de estos barcos está dirigido a turcos, nadie habla inglés; pero conseguimos un barco que nos lleva a la costa asiática y proporciona vistas del Palacio desde el mar. No hay que olvidar, que te estás entrometiendo en un transporte no empleado por turistas, así que casi todo el mundo te mira...
Damos una pequeña vuelta por la zona asiática (tampoco es nada turística), y no nos alejamos demasiado del embarcadero, ya que quedan muchas cosas por ver aún.
Tomamos un barco (1,50 liras turcas de nuevo), que va desde la costa asiática hasta el puente Galata, de forma que obtenemos una vista genial de todo el Cuerno de Oro, el horizonte plagado de minaretes típico de Estambul, etc. Nos deja en la lonja de pescado.
Nos encaminamos hacia la torre Galata paseando por las tortuosas calles que llevan hasta ella, llenas de pintores y tiendas peculiares.
Subimos a la Torre Galata por 10 liras turcas. La vista es muy llamativa, ya que es uno de los puntos más altos de la ciudad (si no el más alto). Hay muchos turistas, de modo que la permanencia en el mirador está más o menos regulada. El ascenso se realiza en ascensor hasta la pequeña cafetería-restaurante de la torre, y luego un piso en escaleras.
Decidimos visitar la calle comercial de Estambul (como la Gran Vía turca), pero como estamos bastante cansadas, cogemos el histórico tranvía de una sola línea que recorre 1,6 kilómetros y enlaza Taksim y Tünel. El viaje cuesta 1,10 liras turcas, y es prescindible si uno no está cansado.
Comemos en una cadena de comida rápida turca. Por 6 liras turcas como un kurum, yogurt, una botella de agua y patatas fritas. Está buenísimo y tiene una planta superior, que ofrece vistas de toda la calle.
Después de comer, vemos la Iglesia Ortodoxa por fuera y paseamos por la calle entrando a distintos comercios. Vuelvo a comprar más palitos de sésamo (0,45 liras turcas) para aguantar la caminata hasta el puente Galata de nuevo (casi todo el camino es cuesta abajo).
Llegamos al puente. Nadie que visite Estambul debería perderse pasear entre los pescadores y asomarse al mar desde ese puente, donde se ven muchas medusas y todos los anzuelos bailando entre ellas. Además, el brillo del sol contra los minaretes y las Mezquitas, y el primer plano de los rostros de los pescadores, no tienen pérdida.
Nos metemos a la Mezquita Nueva (Yeni Cami). Está muy transitada, pero el bullicio desaparece al entrar. La fuente de las abluciones es preciosa, y casi siempre encuentras fieles haciendo el lavatorio de pies. Por dentro se puede transitar respetando el límite establecido para las mujeres, y ver gente rezando (no coincidimos con uno de los rezos obligados del día, así que no sé si será visitable en esos momentos). Para mi gusto, es la Mezquita más impresionante de todas.
Salimos de la Yeni Cami y entramos al Bazaar Egipcio o de las especias, que se encuentra en la misma plaza. Es un poco asfixiante el ambiente de toda la zona por la cantidad de transeúntes, pero merece la pena. Este Bazaar no es tan turístico como el Gran Bazaar, pero también tratan de llamar tu atención de forma un tanto indiscreta, y ofrecen algunas degustaciones.
Compro una caja con diferentes especias y un molinillo por 10 liras turcas.
Me encabezono en subir hasta la Mezquita de Solimán pese a saber que se encuentra en obras de renovación. Las vistas desde allí, ya que está en el pico de una colina, son preciosas, pero la subida es por calles muy empinadas, y nos resulta agotadora.
Desde allí nos dirigimos hacia la Universidad, y volvemos a la Mezquita Beyazit para descansar. Sin embargo, tenemos la mayor suerte que podíamos: coincide mientras estamos dentro la llamada a la oración, y nos permiten quedarnos. Una señora muy, muy anciana que no puede siquiera rezar arrodillada, nos indica que permanezcamos allí en silencio. Es lo más sobrecogedor que he vivido, y creo que la experiencia espiritual más trascendente. Además, es viernes, de modo que se realiza la oración comunitaria más importante de la semana.
Los hombres corrían para llegar a la llamada y se colocaban delante hombro con hombro para mostrar unidad. Las mujeres, detrás, dejaban las bolsas de la compra a su lado, junto a las de los zapatos, y oraban arrodilladas. El imán cantaba desde un punto más alto a nosotros bajo un silencio sepulcral. Era la mayor muestra de devoción y respeto que he presenciado.
Lo siguiente que me marcó fue que, cuando concluyó la oración, la mujer anciana que nos había permitido quedarnos, me dijo con señas que había rezado a Alá por mi y que Él me acompañaba.
De nuevo cenamos en un restaurante turco cerca del hotel (esta vez, arroz con carne y especias y kéfir para beber).

DÍA 7 (20-03-2010): Estambul
Hoy vamos a comenzar por las afueras de la ciudad, de modo que cogemos el metro y nos encaminamos a las Murallas de Estambul. Como es la periferia, no nos encontramos con turistas, sino que recorremos zonas residenciales y vemos la verdadera cotidianidad turca. De nuevo, nos sorprende la amabilidad de todo al que nos acercamos para que nos haga alguna indicación, que si bien, hablan exclusivamente turco, se hacen entender como pueden.
Recorremos las murallas y vemos desde fuera el Museo Kariye, ya que cuesta entrar y tenemos que aprovechar nuestro último día.
Sabiendo cuál es nuestra dirección, nos dejamos llevar por las calles, cotilleando tiendas de vestidos de novias, peluquerías y barberías, etc. hasta llegar a la Mezquita Fatih. Lamentablemente, también se encuentra en obras y no nos permiten el acceso.
Continuamos y nos llama la atención un cementerio, que resulta ser el de la familia del Sultán Mehmed I Fatih, y, por supuesto, visitamos el mausoleo donde se encuentra su tumba. Yo aprovecho que entra una familia de creyentes a rezarle, y realizo las vueltas en torno a la tumba tal y como se realiza según la creencia islámica. Todo ello es gratuito y merece la pena.
Estamos bastante cansadas, y decidimos comprar una especie de pastel de carne picada con cebolla y pimienta cubierto de cuscús crujiente que venden por la calle. Nos ofrecen yogurt cuando lo compramos y no lo cogemos. Craso error. De nuevo, debes hacer lo que los turcos hagan: el pastel resulta tan picante que necesitamos comprar una botella de agua, y no nos deja de arder la lengua hasta que bebemos un poco de yogurt (lo suaviza y no desvirtúa el sabor).
Llegamos a la estatua de Fatih, con su caballo al vuelo. Visitamos también la Mezquita Sehzadi por fuera, sobre todo porque queremos ir al baño y en las Mezquitas siempre hay uno.
Cruzamos el Acueducto de Valente o de Bozdogan y visitamos un centro comercial cercano para ver cómo son: lo cierto es que tienen un aspecto bastante desangelado, pero en parte puede atribuirse a que el barrio es bastante pobre respecto a los que hemos dejado atrás.
De nuevo llegamos a la Yeni Aya y la visitamos para despedirnos de ella y descansar. También repetimos una porción del puente de Galata para ver a los pescadores y la curiosa estampa que protagonizan.
Comemos en un restaurante justo debajo del puente de Galata, donde vemos que hay más turcos. Se nota que es sábado porque todo está mucho más lleno. Nos pedimos un bocadillo de caballa recién pescada del Bósforo y una botella de agua (4,50 liras turcas). Es mejor no pensar en la probable falta de control sanitario de los pescados, porque está buenísima, y de algo hay que morir. Además, si ellos lo comen, nosotros, también.
Estamos muertísimos, así que cogemos el tranvía (1,50 liras turcas) hasta el Gran Bazaar para hacer las últimas compras. Compro a 7,50 liras turcas una pulsera, un llavero con un ojo turco muy bonito y un pañuelo de imitación.
Nos retiramos al Hotel para preparar la maleta y descansar un poco.
Vamos a cenar a nuestro sitio de siempre, donde ya conocemos al camarero, Omar, con quien nos hacemos una foto. Esta vez ceno judías con un plato de arroz cocido acompañándolas (son muy picantes y el arroz lo mitiga) con una botella de agua, todo por 3 €. Vamos caminando hasta las Mezquitas Santa Sofía y Azul para ver su iluminación nocturna, y conocemos a Abdullah (un fiel seguidor del equipo de fútbol Galatasaray o del Real Madrid si se tercia), y a Mustafá (un policía). Prácticamente no hablan inglés, pero nos acompañan a hacernos las fotos y nos intercambiamos los Facebook.
Frente al café Pier Lotti, entramos a una tetería exclusivamente ocupada por hombres turcos y situada en una antigua madraza. Allí nos sientan en unos sofás junto a más hombres que fuman y toman té. Nosotras tomamos un té especial (2,50 liras turcas) y un té de manzana (1,25 liras turcas), y conocemos a Onur y a otro chico, familiares del dueño de la tetería. Nos invitan a un narguile de manzana. Sólo fumo yo, y termino compartiendo también la narguile de rosas y menta que estaban fumando ellos. En mi experiencia: cuidado, que hay costumbre de fumar hachís y no avisan...
Antes de volver al hotel, compramos en la calle un churro glaseado, que se vende en muchos puntos ambulantes. Cuesta 0,50 liras turcas, y es super dulce y empalagoso bajo mi punto de vista.

DÍA 8 (21-03-2010): Estambul
Nos recogen en el hotel para llevarnos al aeropuerto, que está en el lado asiático. Un viaje fantástico que se acaba.

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